Bernardo Arévalo asumirá en Guatemala, pero el silencio de su rival desata las alarmas

Un activista anticorrupción ganó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Guatemala el domingo, dando un sorprendente mensaje al establishment político conservador en la nación más poblada de América Central.

Bernardo Arévalo, un sociólogo políglota de un partido emergente socialdemócrata compuesto en gran parte por profesionales urbanos, obtuvo el 58% de los votos contra el 37% de la ex primera dama Sandra Torres, quien se corrió del centro a la derecha estos comicios.

Alejandro Giammattei, el actual presidente, felicitó a Arévalo y lo invitó a organizar una transición “ordenada” del poder. Pero hasta ayer la candidata opositora y su partido Unidad Nacional de la Esperanza no habían reconocido la victoria de Arévalo, del Movimiento Semilla, lo que encendía las alarmas tras varios intentos previos por sacarlo de carrera.

Arévalo es hijo de Juan José Arévalo, un expresidente que aún es elogiado por crear el sistema de seguridad social de Guatemala y proteger la libertad de expresión. Después de que su padre se vio obligado a exiliarse en la década del ‘50, Arévalo nació en Uruguay y creció en Venezuela, Chile y México antes de regresar a Guatemala cuando era adolescente.

Se desempeñaba como miembro del Congreso cuando su partido lo eligió este año como su candidato.



Bernardo Arévalo. presidente electo de Guatemala. Foto Reuters

Un hito

La victoria de Arévalo marca un hito en Guatemala, una de las principales fuentes de migración a los Estados Unidos y uno de los aliados de Washington en la región. Hasta que entró en la segunda vuelta con una actuación sorpresa en la primera ronda en junio, fue la prohibición judicial de otros candidatos vistos como amenazas para las élites gobernantes del país lo que estaba dando forma a la tumultuosa campaña.

Rechazando tales tácticas, Arévalo hizo de la lucha contra la corrupción la pieza central de su elección. enfocó en señalar cómo la frágil democracia de Guatemala, repetidamente plagada de gobiernos envueltos en escándalos, pasó de ser pionera en estrategias anticorrupción a clausurar esos esfuerzos y obligar a jueces y fiscales a huir del país, acosados por el poder.

Festejando la victoria electoral del candidato presidencial del partido Movimiento Semilla, Bernardo Arévalo. Foto AP


Festejando la victoria electoral del candidato presidencial del partido Movimiento Semilla, Bernardo Arévalo. Foto AP

Tras su victoria el domingo a la noche, Arévalo dijo que una prioridad de su gobierno sería poner fin a la “persecución contra diferentes tipos de funcionarios y personas que se enfocan en la corrupción, los derechos humanos y el medio ambiente”.

Un votante, Mauricio Armas, de 47 años, dijo que había sufragado por un candidato en el que creía por primera vez en décadas. Arévalo y su partido Semilla “parece que no están conectados con actividades criminales”, dijo Armas, un pintor de la capital.

Arévalo, de 64 años, un moderado que critica a gobiernos de izquierda como el de Nicaragua, es sin embargo visto en el panorama político conservador de Guatemala como el candidato más progresista en llegar tan lejos desde que se restauró la democracia en el país en 1985 luego de tres décadas de dictadura militar.

Con gran parte del apoyo de los votantes en las ciudades, la campaña de Arévalo contrastó con la de su rival, que se centró principalmente en el crimen y prometió emular en Guatemala la represión de las pandillas por parte de Nayib Bukele, el presidente conservador de El Salvador.

Torres también destacó los problemas sociales, oponiéndose a la legalización del aborto, el matrimonio homosexual y la marihuana, y apoyó el aumento de la asistencia alimentaria y los pagos en efectivo a los pobres.

Intento fallido

La elección del domingo fue solo el último intento fallido de Torres, de 67 años, exesposa de Álvaro Colom, quien fue presidente entre 2008 y 2012. En 2011, Torres se divorció en un esfuerzo por eludir una ley que prohíbe que los familiares de un presidente se postulen para el cargo. Colom murió en enero a los 71 años.

Aunque se le prohibió participar en esa contienda, quedó en segundo lugar en las dos presidenciales más recientes. Tras la última, en 2019, fue detenida por cargos de financiación ilícita de campañas y pasó un tiempo bajo arresto domiciliario. Pero un juez cerró el caso a fines del año pasado, abriendo el camino para que se presentara en el comicio que concluyó en el balotaje del domingo.

Arévalo simboliza una ruptura con las formas establecidas de hacer política en Guatemala. La contienda se desarrolló en medio de una represión del actual gobierno conservador contra fiscales y jueces anticorrupción, así como contra organizaciones sin fines de lucro y periodistas como José Rubén Zamora, editor de un importante periódico, quien fue sentenciado en junio a hasta seis años de prisión.

Antes de Arévalo, la victoria de un abanderado del establishment parecía segura. Pero, al llegar al balotaje, un fiscal que EE.UU. colocó en una lista de funcionarios corruptos trató de evitar que Arévalo se presentara. Esa medida resultó contraproducente y provocó llamados de figuras políticas guatemaltecas de todo el espectro ideológico para permitirle permanecer en la carrera.

Con Jody García, The New York Times

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